miércoles, 30 de enero de 2008

DEFLACIÓN MENTAL

No paro de asombrarme de mi estupidez. mi rapidez para escupir análisis perezosos sobre realidades que se me escapan por todos los frentes, que me afectan de una manera que ni pretendo ni alcanzo a abarcar, por mucho que trate de engañarme a mi mismo pensando lo contrario, con mi pose de diletante sesudo.

Hace poco, cuando mi novia me comentó lo que estaba subiendo la leche, la carne de pollo, etc... y la excusa que estaban dando era el tema de todos los chinos que se estaban incorporando al mercado de consumo etc. Está claro que los noticiarios no son ni fiables, ni originales, ni profundos, ni analíticos más allá de lo que las exigencias de captación de audiencias y subsecuente transformación en réditos publicitarios obligan. Pero bueno, tampoco les puedo critircar porque yo termino haciendo más o menos lo mismo.

Pero el caso es que, con dos cojones, lo que me aventuré a soltar tras darle dos vueltas al notición del día, pasto de tertulia barata de café, es que eso era una puta mentira. Que qué puto chino (con perdón) iba a poder pagar el precio de la leche o de un pollo comprado en españa. Asombroso obtusismo. Ni plantearme que lo que podía estar inflando los precios de estos productos no es el producto final en sí, sino las materias brutas de las que se compone. Carajo, el pienso ha resultado ser lo que está subiendo subiendo el precio de estos productos. Ciencia ficción, a tenor de mi incapacidad para considerar esa variable tan sutil dentro de mi defecación analítica.

Por supuesto, en esta labor de devanamiento de mi realidad me aplico con una contumacia digna de asombro, no por consistente, sino por temeraria, por incoherente y por inconsciente.

En multitud de ocasiones me descubro a mi mismo elaborando sobre temas de los que apenas sé más que lo poco que recuerdo haber leído en algún artículo de dudoso rigor informativo, temas que me interesan porque son de actualidad. Elaboro de una manera reverberativa decreciente, como mero canalizador de un refrito y un barullo mental de teorías que flotan en los nichos menos ilustrados del colectivo, refrito que, como mucho, apenas puedo llegar a distorsionar un poco más aplicando alguno de mis procesos lógicos mal aprendidos a lo largo de los años, que no puedo llegar a explicar aún cómo me aferro a él.

Mi capacidad analítica y mi glotonería social me llevan a defender teorías infundadas, posiciones sesgadas en virtud de criterios indefinidos, me llevan a indignarme, a teorizar, a sentar catedra... y todo con una falta de pudor que, sinceramente, cuando pienso en ella, me maravillo.

El precio de la gasolina, de las casas, el terrorismo, la política española, la sociedad, la violencia, la guerra de irak, el ecologismo, la energía nuclear, fútbol, el aborto, el matrimonio, los derechos de los gays, hambre en áfrica, inmigración, políticas exteriores, explotación laboral, adopción, cine, teatro, literatura y derivados, música, relaciones entre amigos, rupturas, nacimientos, bautizos, defunciones.... nada escapa a mi bisturí mellado. Con precisión de charcutero destripo la realidad y la paso por la máquina de hacer picadillo, y al final no distingo nada... defiendo posiciones opuestas, a veces incluso durante la misma conversación!

La verdad os hará libres. Supongo que si... pero soy incapaz de distinguirla. Cuesta demasiado verla. Apostaría a que en más de una ocasión no he estado demasiado lejos de alguna línea argumental que podría haberse asemejado a una argumentación válida si hubiera tenido, primero, la capacidad para reconocerla, segundo la intención deseguir progresando en ella, y tercero un mínimo de humildad. Pero no, imagino que en ese momento, habré vuelto a descender al nivel en el que orbito durante una nadad desdeñable porción de mi tiempo, en el de las pajas mentales y la disipación.


Pero lo más sorprendente es que a mis 33 años poca gente me ha dicho o reconocido esto. En mi grupo de amigos nos consideramos gente con inquietudes, la mayoría, defensores de posturas algo marginales y siempre críticas. Pero hasta ahora ninguno se ha partido el culo en mi cara por alguno de los disparates que me presto a soltar a la mínima ocasión que se me presenta. Al contrario, a veces nos enzarzamos en conversaciones elípticas saltando de un tema a otro, de una esfera a otra, a veces con hilo argumental, a veces por asociación de ideas, a veces por el alcohol... supongo que si analizáramos todo lo que hablamos, como hemos hecho alguna vez, llegaríamos a la conclusión de que no tenemos ni puta idea de nada.

Pero da igual, volveremos a hacerlo y seguiremos haciéndolo. Quién sabe? Igual es parte de la naturaleza humana. Debe serlo porque no encuentro explicación a la existencia de tanta gente que se gana la vida opinando sobre todo, desde articulistas, hasta editorialistas, pasando por tertulianos y terminando en los porteros.

No sé... el próximo día les contaré a mis amigos que he empezado un blog. A ver a dónde me lleva esto. A ver si soy capaz de analizar algo, lo que sea, con un mínimo de consistencia y de coherencia. Coño, que me estoy planteando tener hijos y me doy cuenta que soy un puto zoquete/veleta.

En fin... buenas noches.

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